¿Cómo es por fuera?
¿Qué habrá adentro?
¿Me animo a entrar?
Julián
Mis amigos y yo nos mudamos a un barrio porque eso de
la ciudad no nos gustaba. El calor sofocante, los edificios que tapan el sol...
El primer día vimos una casa abandonada; estaba como a diez cuadras, casi ni se la podía ver.
Al día siguiente la casa estaba a cinco cuadras. No nos llamó la atención y seguimos con lo nuestro. Cada vez se acercaba más y más y más. Nos desesperamos y le preguntamos a la gente
qué pasaba con esa casa. Todos nos decían: ¿Estás bien? Tal vez estás delirando.
Yo dije —Vamos, entremos!— y Tomi dijo —¿Yo? ¡Ni loco! ¡Vayan ustedes!—.
Gian dijo —Dale, si lo hacés te doy $20. ¡No seas miedoso!
Y Tobi dijo —No se peleen, vamos a entrar, somos cuatro. ¿Qué puede pasar? ¿Entramos o no?-. Estaba pensando...
La puerta estaba cerrada y pensé "¿Y si la rodeamos?"
—Bueno— dijeron todos.
Todos estábamos re apretados, obvio. Yo en el medio, de esa menera estaba "protegido".
Escuchamos ruidos en el segundo piso. Los tres me hicieron piecito y subí.
Entré solo, tenía mucho miedo. Por suerte tenía una soga y se la tiré a los chicos.
Ellos subieron, investigaron la casa y en una habítación escuchamos una vieja canción de Barbie, una muñeca sentada en una silla. Estaba todo intacto como si a esta casa cada día la vinieran a limpiar.
Abrimos la cocina y vimos un papel, decía "13312324953". Todos a la vez dijimos "¿¡Un código!?"
Seguimos buscando y vimos una rata en el techo ¡colgando! ¿¡Muerta!?
Corrimos y se rompió el piso. Cada uno cayó en diferentes lugares: yo caí en un lugar iluminado, con olor a animal muerto y algo podrido.
Luego investigué a fondo y lo que vi no tiene nombre: En una ventana vi a la misma muñeca hamacándose ¡sola! Yo creía que estaba viva pero abrí y cerré los ojos y la muñeca desapareció.
Pasé a otra habitación, todo estaba roto, el sillón, el piso y el techo.. La puerta estaba entreabierta; vi una luz y me asusté. No sé cómo, muy rápido agarré un caño y... Me dí cuenta de que eran Tobi y Tomi. Los abracé muy fuerte y buscamos a Gian.
Luego vimos un piano, todo roto. Toqué una tecla y adentro del piano se escuchaban ruidos.
Lo abrimos y era la muñeca. Tobi la agarró, la muñeca lo mordió, salió corriendo y saltó por la ventana. Nos quedamos en shock y después de unos minutos nos recuperamos. Buscamos Gian por el patio pero no lo encontramos.
En uno de los muchos pasillos de la casa todos estábamos asustados. Entramos en una habitación y estaba toda cubierta de espejos y había uno tapado. Lo destapamos y vimos... a Gian en el reflejo con la cara pálida, los ojos rojos y los pelos erizados. Sacudimos el espejo y nada..., lo rompimos y el reflejo desapareció.
En otra habitación había una luz. Entré y era un circo sin gente. Luego en un cilindro apareció un payaso que tenía atado a Gian. Le fuimos a pegar al payaso pero aparecimos en un pozo los cuatro:
Tobi, Tomi, Gian y yo. Gian no reaccionaba, no nos respondía; intentamos salir pero llegamos.
Pasó un perro y nos trajo un montón de ramas y palos e intentamos separarnos hacia los costados así Tomi hacía una escalera. Salimos y vimos al payaso, a la muñeca, un hombre lobo, un vampiro, 13 zombies y una bailarina robótica.
Todos se quedaron inmóbiles hasta que el payaso dijo:
—Tienen 30 minutos para agarrar recursos—.
Encontramos clavos, un bate de bésibol, etc.
Nos preparamos y luchamos contra los villanos y luego de un esfuerzo sobrehumano les ganamos. Gian volvió a la normalidad y nos dimos cuenta de que
nos habíamos quedado dormidos en clase.
FIN
Jacinto
El Dragón
Había una vez, en la playa, una casa abandonada
que por fuera se veía tenebrosa.
Yo me imaginaba que adentro de la casa
había un mueble con libros
y un horno
y una mesa con sillas
y una vela.
Era de noche y llovía.
Rompí la puerta con un martillo
y pude entrar...
Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos.
Había un dragón tirando fuego.
Pude salir para que no me quemara.
Tomás
El Chico y la Casa Abandonada
Había una vez en mi barrio
una casa abandonada que tenía tumbas que daban miedo.
A los chicos y a las chicas les daba tanto miedo que
no salían a la calle.
A un chico no le daba tanto miedo
y miró la casa. Tenía enredaderas
en el techo y también
tenía las ventanas y puertas rotas
y el techo estaba muy, muy, muy roto.
El chico se imaginaba que adentro había una familia de esqueletos,
una trampa en un tapiz y que
también había una trampa en las tumbas.
Y el chico no se quería imaginar más.
Y decía "no quiero entrar", pero resopló y dijo
"si, quiero entrar" y
en el tapiz puso siete gatos para activar la trampa
y puso muchas piedras en las tumbas.
El chico entró a la casa
y no había una familia de esqueletos.
Había una familia de diez ratones
y le dió gracia
y FIN.
Violeta
La Casa Abandonada
En mi barrio
hay una casa abandonada
que afuera tiene enredaderas.
Y me imagino que hay una familia de zombis.
Y voy a entrar por un agujero
y lo voy a hacer con un taladro.
Cuando entro hay una jardín de infantes antiguo
y descubro que hubo un accidente
y todos se murieron
y quedaron los esqueletos.
Lucía
Lo Imaginado y lo Real
Al lado de mi escuela hay una casa abandonada
de color negro con telarañas y musgo.
Todos dicen que tiene más de diez millones de años
pero nadie sabe.
Yo me imagino que hay un títere que se mueve y te mata
pero tengo unas ganas de entrar...
También me imagino la casa por dentro,
negra, oscura... y un gato maligno.
¡Pero yo puedo! Voy a entrar.
Después de un rato me encuentro con mis mejores amigos
y organizamos irnos de escapada. Al otro día
fuimos a la escuela y, en silencio,
nos escapamos.
Cuando quisimos entrar, la puerta no se podía abrir
pero por suerte estaba la ventana abierta.
Entramos y vimos una elegante cocina
toda preparada, con una sopa de entrada,
después una milanesa con papas fritas y de postre
un volcán de chocolate.
Había mucho ruido
entonces nos fuimos arriba.
Las habitaciones eran hermosas. Una estaba llena de vestidos
y era rosa, la otra era de oro y tenía litros de colores
y la última era de plata y tenía un baño divino.
Bajamos y fuimos al comedor.
Había un mayordomo y sirvientes. Ellos se sentaron
y al segundo vinieron las princesas y los príncipes,
las reinas y los reyes.
Comimos de maravilla
y nos fuimos a dormir.
Cuando nos despertamos, estábamos todos desayunando. Comimos
y nunca más vimos a nuestras familias.
Fin












