Una planta, un animal, una persona...
Un sueño, un amor, una esperanza...
Hay cosas que crecen y al crecer cambian y nos cambian.
Y hay otras que no suelen crecer ¿y qué pasa si mágicamente lo hacen?
¡Crece la espectativa! Veamos
con qué nos sorprenden esta semana los pequeños escritores.
Florida muerta
Había una vez una planta que no crecía.
Era tan chiquita que no llegaba hasta el cielo
porque no quería.
Quizo llegar hasta el cielo
y creció un poquito.
Dejó que alguien la regara con tormenta.
La planta se hizo más grande.
Llegó a estar alta
como una montaña hueca.
Un destornillador
que rodeaba...
que rodeaba...
que rodeaba...
la hizo crecer hasta que llegó al planeta de los Universos.
ella no quería ir al planeta de los Universos.
Allí la persiguieron los zombis
y cayó al piso.
FIN
Lucy
El Arco Iris que crece
Había una vez un arco iris.
Era tan chiquito que lo pisabas.
Un día empezó a crecer porque la gente le tiró un papel con un hechizo.
Al día siguiente creció un poco y un poco más.
Y creció y creció gigantote como todo el cielo
y la gente pensó que mejor, porque así
lo podían ver.
Violeta
Una vez yo estaba con mi mamá en la cocina y cuando ella terminó de cocinar
fuimos al comedor. Mi perrita se había subido a la mesa. Después
se bajó. Nos pusimos a comer y después nos fuimos a dormir.
Al otro día la mesa había crecido.
Es que a la noche vino una bruja y le puso una pócima...
... para crecer y crecer más. Y cada día crecía más y
a mi perra la mesa le quedaba más grande y no se podía subir.
Mis papás no podían subirse a las sillas, ni yo ni mi hermanito.
¡Porque olvidé decirles que también crecieron las sillas!
Finalmente pusimos fin a esto y encontramos una solución:
cortarles las patas a la mesa y a las sillas para poder comer.
Lucía
La pava ¿chica? o ¿grande?
Un día estaba sirviendo mate y la pava se empezó a mover.
Me acerqué, la toqué y se agrandó. Entonces la llevé a la cocina y serví.
Después de un rato me fui a dormir.
Al día siguiente traté de agarrar la pava pero no pude.
La ví y...
¡Era gigante! Pero un poco...
La agarré y estaba un poco pesada; igual la pude llevar a la cocina.
Y empecé a tomar.
Al día siguiente fui a la cocina y llamé a mi amiga.
—Hola ¿Quién es?
—Soy Paula, tu mejor amiga.
—¡Ah Paula! ¿Qué me querés decir?
—Si querías venir a tomar mate.
—Bueno. Nos vemos. ¡Chau!
—Chau.
Cuando llegó mi amiga fui a la cocina y traté de llevar la pava pero cuando la vi era gigante.
Por suerte estaba mi amiga y me ayudó.
Al final dije ¡Basta! La rompí y me compré otra nueva porque recordé que, al comprar esa pava, un cartelito avisaba que se achicaba y se agrandaba.
Gianfranco
El perro loco
Había una vez un perro llamado Pepe.
Pepe un día tomó una poción hecha por un científico.
Su dueño se llamaba Tomás.
El perro se volvió especial. Era un bulldog extraño.
El bulldog cada vez era más grande.
El dueño se impresionó de Pepe y por las dudas
planeó que cuando creciera más iba a comprarle un hueso grande.
El bulldog cada vez era más grande y los vecinos se impresionaban más y más.
Ya había un título del mes: "El bulldog extraño".
El bulldog se pasó del límite con la altura.
Ahora Tomi se impresionó definitivamente.
Era como un perro mágico y con muy loca altura.
Ahora en la ciudad hay un perro muy grande, con un hueso grande.
Tomás
La gigante planta
Había una vez una semilla que era especial.
Un granjero encontró la semilla en su mesa.
El granjero plantó la semilla y esperó.
Y el granjero vió un brote y lo cuidó mucho, mucho
y mucho, mucho, mucho, mucho al brote.
Y el granjero miró el brote y ya era una planta y la regó.
Y el granjero cuidó a la plante mucho, mucho y mucho.
Pasaron los días ¡Y ya era gigante!
Y esta gigante planta llegó hasta la luna.
Valentina
La pileta loca
Yo estaba en el centro y había una tienda de piletas.
Entré y compré una, la más chiquita de todas.
Me la llevaron a mi casa y me la pusieron en el patio trasero.
Entonces me fui a dormir.
Me desperté y dije "¡Epa! ¡Me creció la pileta!".
Entonces llamé a mi mamá y hablamos. Yo le dije:
"Ma, yo compré la pileta chiquita y creció", entonces ella dijo:
"Amor mío ¿Estás segura?". Entonces yo le dije "Sí, ma, muy segura. Bueno, dejá".
Comí y me fui a dormir.
Entonces pasó lo mismo que el día anterior pero la diferencia es
que me desperté porque tocaron el timbre y yo fui a atender. Eran 150 vecinos.
Entraron y se metieron en la pileta. Era verano y, bueno, nos metimos todos y se hicieron las 10.
Yo comí después que todos se fueron y me fui a dormir.
Entonces volvió a pasar lo mismo que el día anterior.
Pero entraron los vecinos y yo me di cuenta que no podía más y se fueron.
En realidad la pileta no había crecido... ¡Era que yo no me había puesto los lentes!





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