miércoles, 11 de julio de 2018

Un viaje fantástico



Después de leer "El cohete"
de Ray Bradbury, sentimos que hay viajes que quizá
nos lleven muuuuy lejos, y nos transformen
profundamente,
aun sin movernos ni un centímetro de donde estamos...



Julián
Mercurio 2000


Una noche lluviosa Albert estaba mirando por la ventana y de pronto pensó en hacer un cohete.
Compró pedazos de hierro, una máquina de humo y agarró una tele. Pasó días y muchos días. Obviamente seguía yendo a la escuela. Hasta que llegó el día en que terminó el cohete.
Llamó a sus amigos para que fueran a su casa. Cuando vieron el cohete le dijeron "¿Qué es eso?". "Un cohete" respondió el chico con una sonrisa de oreja a oreja.
Subieron y parecía que era real, pero... era sólo una ilusión.
Pero todavía seguían en el cohete.




Ellos despertaron de un sueño que Martín tuvo. Ellos unidos
se abrazaron y bajaron a su amado cohete. Se durmieron por mucho tiempo,
tanto que se olvidaron que era una ilusión. Empezaron 
a gritar "AAAAAAH!!!". La mamá de Albert vino y los sacó del cohete.
El cohete, o la nave, se desarmó y los tres chicos lloraron hasta no poder más
y la mamá les dió torta e imaginaron que la torta era una barco y...
en su imaginación se fueron a Mercurio.










Lucía
 La chica invisible


Ella es "la chica invisible". La chica a la que critican por cómo es, 
por cómo se viste, por su cuerpo.
Nadie la valora. Y ella tampoco.
Había sido una noche tranquila hasta que llegó la hora de levantarse. Se dirigió al baño, se miró al espejo y se quedó ahí, como si nada. Estaba parada mirándose por completo. Criticándose por cómo era, por sus kilos de más. Hasta que de repende un mar de lágrimas inundó el baño.
No quizo verse más, así que salió del baño.
Se cambió, desayunó y se fue a la escuela.
Al llegar esperó un rato hasta entrar en el aula. Ese día la maestra pidió a todos que pensaran en un lugar a donde quisieran ir. Todos lo pensaron. Cuando llegó el turno de "la chica invisible" ella no dijo ningún lugar como el de los demás. Dijo algo completamente distinto.
 



De repente se escuchó una vocecita muy finita que dijo "¡Yo quiero ir a la noche! A ese lugar donde sólo las estrellas me miren y me hablen. Que me valoren, que no se burlen de mí y que cada estrella fugaz me diga algo lindo. ¡Eso quiero!".
Toda el aula se calló. Los chicos se quedaron mirándola fijamente. A la maestra le empezaron a caer lágrimas. Pero toda el aula en silencio. Nadie dijo ni una sola palabra.
La maestra dejó el aula en silencio mientras se iba. Fue hacia el aula de plástica y agarró todos los materiales. Al rato la maestra Susana dijo: construiremos un mundo, el mundo de Lu. Los chicos agarraron los materiales y empezaron a hacerlo. Al rato ya estaba listo. La noche parecía de verdad. Las estrellas de brillantina estaban divinas y cada estrella 
tenía un mensaje lindo.
Se quedaron ahí un rato largo imaginándose la noche más linda del mundo.
Lu nunca borró ese momento de su mente, lo guardó como nada en el mundo. Ella ya no era "la chica invisible" que todos creían. Ella era una persona feliz por todos sus logros.
Ella era una hermosa persona, linda y audaz que había creado su noche
y cada noche, se quedaba en el jardín de su casa para mirarla.



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