martes, 17 de noviembre de 2015

Un Cuento

Unas cuantas cartas al azar
y nace un cuento.
Mirá.


Maquillaje
de Rocío

Una vez, en un zoológico muy grande, lindo y limpio, había un elefante que se llamaba Rodolfo y que vivía con su mamá y su papá, Dulce y Coco. Él era muy bueno, lindo y juguetón y le gustaba comer maníes y beber agua; tenía amigos buenos y siempre hacía travesuras.
Un día, Rodolfo estaba súper mega aburrido -no tenía nada que hacer-, entonces salió de su casita muy linda mientras Coco y Dulce dormían pacíficamente.
Como siempre hacía travesuras, Rodolfo decidió entrar a la casa de Doña María, una jirafa muy coqueta, y le robó uno de los cien labiales que ella tenía. Se puso mucho labial en toda la cara y pasados unos minutos, se dio cuenta de que no salía con agua, ni con nada. Entonces pidió socorro. ¡Socorro! Todos llegaron e intentaron limpiarle la cara pero no pudieron. María dijo que el labial era permanente, así que el pobre elefante no sabía qué hacer.
Entonces Dulce dijo que había una solución: En un libro estaban los ingredientes necesarios pero ese libro estaba en otro zoológico, así es que Rodolfo tuvo que partir, a pie. Una vez allí, buscó el libro y volvió a su casa.
Finalmente la mamá le preparó la mezcla de limpieza y se la puso en la cara a Rodolfo. El labial salió completamente y Rodolfo, feliz, feliz, se fue a dormir. 






El oso polar y el caracol
de Lucía

¡Este soy yo! Soy un oso polar, simpático y dulce, pero no me gusta que nadie me saque mi territorio.  
Un día, en el bosque, un caracol preparó sus valijas y se fue al Polo Norte. Cuando el caracol llegó, el oso, con un puñetazo en la nieve dijo: "¡No!" y el caracol respondió: "Quiero ir, déjenme". 
Entonces el oso llamó a sus guardianes, los robots, que caminaban como extraterrestres, y éstos empezaron a perseguir al caracol.
Después de un rato, el oso decidió perdonar al caracol y encontraron una solución: el oso viviría en su cueva y el caracol viviría en su cuevita. 


 

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